Luis Adrián Miranda Pérez / rotativoenlinea.com
Las dificultades para leer y escribir suelen asociarse con la falta de interés de los estudiantes, los hábitos escolares o el uso excesivo de dispositivos digitales. Aunque estos aspectos forman parte de la discusión, también es necesario examinar cómo aprendemos a relacionarnos con el conocimiento y qué oportunidades tenemos para formular preguntas, construir explicaciones y compartir nuestras experiencias. En una sociedad donde circulan grandes cantidades de información, comprender requiere tiempo, atención y disposición para examinar aquello que leemos, escuchamos y observamos, capacidades que se desarrollan mediante nuestras relaciones sociales y educativas.
Esta preocupación tiene implicaciones para la escuela, particularmente cuando las actividades de aprendizaje se organizan alrededor de contenidos y procedimientos previamente establecidos que pueden limitar la participación de los estudiantes. Paulo Freire planteaba que la lectura del mundo precede a la lectura de la palabra, reconociendo la importancia de las experiencias sociales y culturales en dicho proceso. Su planteamiento permite reflexionar sobre el lugar que ocupan los conocimientos cotidianos en la educación y sobre las posibilidades de relacionarlos con los contenidos escolares mediante el diálogo.
Desde esta mirada, resulta pertinente examinar la Relación Tutora que desarrolla el Consejo Nacional de Fomento Educativo (CONAFE), cuya propuesta recupera el acompañamiento personal entre quien conoce un tema y quien desea aprenderlo. Durante este proceso, las preguntas y dificultades del aprendiz orientan el estudio, mientras que el diálogo de lo aprendido permite compartir conocimientos con otras personas y plantea una posibilidad para reconocer las distintas formas en que los estudiantes comprenden los contenidos y construyen explicaciones a partir de sus propias experiencias.
Esa propuesta han acompañado la experiencia de El vuelo del papalote. Leer y escribir desde/con la comunidad, un taller extracurricular que se desarrolla con jóvenes de entre 12 y 16 años de la Escuela Secundaria Rosario Castellanos del CONAFE, en Unión Antorchista, Chiapa de Corzo, Chiapas. Mediante actividades relacionadas con el juego, el cine, los sentidos, el dibujo y la fotografía, se ha buscado recuperar las experiencias de las y los participantes para explorar distintas formas de lectura y escritura. Los libros también han estado presentes mediante su consulta y préstamo voluntario, considerando los intereses y las posibilidades de participación de cada joven.
Además, su desarrollo me ha permitido reflexionar sobre la importancia de reconocer los conocimientos que las personas construyen fuera de la escuela. La elaboración de una lotería comunitaria, los ejercicios sensoriales y las actividades fotográficas han ofrecido oportunidades para recuperar elementos del entorno y relacionarlos con distintos lenguajes. Estas experiencias permiten establecer un diálogo con algunos principios de la Relación Tutora, especialmente aquellos relacionados con el interés, el diálogo, el acompañamiento, la flexibilidad y la participación del estudiantado.
La Relación Tutora representa una oportunidad para enriquecer la educación y explorar nuevas posibilidades de formación a partir de las particularidades de cada contexto. Asimismo, experiencias como El vuelo del papalote permiten reconocer la pertinencia de diversificar las estrategias de mediación y ampliar los recursos disponibles para el aprendizaje. La articulación de estas iniciativas puede contribuir al desarrollo de propuestas educativas más abiertas a las necesidades, inquietudes y posibilidades de las sociedad contemporáneas.
